La relación con tu imagen

Existen dos tipos de mujeres y la relación que llevan con su imagen personal: por un lado están las chicas que se preocupan por ellas mismas y por la relación que tienen con su imagen y su autocuidado; por el otro, aquellas a las que les da relativamente igual. ¿Qué tienen en común? Ambas tienen el mismo tiempo en las mañanas para hacer su rutina de belleza. Muchas mujeres ponen como excusa la falta de tiempo, como si ese fuera el culpable número uno de no poder dedicar unos minutos al día para ellas mismas, pero la realidad es que todas tenemos las mismas 24 horas a nuestra disposición. Entonces, ¿por qué algunas mujeres —en su minoría, me atrevería a decir— sí salen regias de sus casas luciendo increíblemente bien? Todo se debe a que se tienen como prioridad y se conocen, saben quiénes son y por ende lo demuestran a través de sus prendas de vestir, haciendo la tarea de vestirse cada mañana mucho más fácil; no pierden mucho tiempo, y menos si el clóset está organizado y en perfectas condiciones. Segundo, apartan un tiempo para ellas sin importar qué.
Una vez escuché que la hora luego de despertar y la hora antes de dormir es tu hora de oro, es decir, es la hora que debes dedicarte como mínimo a ti, a tu cuerpo, a tu mente, a tu espíritu, a todo tu ser.
Cuando eliges prendas por el simple hecho de vestirte por vestirte, se nota que no entras en detalles con tu imagen: no pruebas qué opción te quedaría mejor, con qué prendas lucirías magnífica, no te tomas el tiempo en elegir qué usar, qué cortes te favorecen, cuáles son tus mejores colores, qué accesorios usar. Salir, como dicen por ahí, "cara lavada", te hace caer en vestirte por inercia, en piloto automático, y esa es la consecuencia de no dedicar tiempo para ti ni para tu imagen. Al creer que solo por ponerte algo encima, utilizar labial humectante y recoger tu cabello con una cebollita ya estás lista para salir, déjame decirte que no te estás preocupando ni un poco sobre lo que proyectas, y mucho menos sobre lo que atraes para ti al salir de ese modo. No arreglar tu cabello, tener tus prendas desordenadas, arrugadas, en mal estado, o peor aún, que no vayan con lo que quieres reflejar, demuestra que te vale muy poco tu apariencia y tu relación contigo misma.
Hoy te invito a que puedas tomarte unos minutos más frente al espejo, que puedas ver esa real tú, y te preguntes: ¿quiero verme así hoy? ¿Quiero reflejar abandono a mi persona? ¿Quiero que mi personalidad esté reflejada en mi exterior o no? ¿Mi forma de vestir y arreglarme es la más adecuada para ir al trabajo? ¿Soy feliz vistiendo así y sin cuidar mi apariencia?
Las que ya han visto la película The Devil Wears Prada (si aún no la has visto, te la recomiendo) saben que el personaje de Andy, la protagonista, llega a su entrevista de trabajo de manera inadecuada, y no lo digo porque las prendas no fueran actuales o estuvieran en tendencia — lo menciono porque ella se preocupó más por respaldar su currículum y su experiencia laboral que por la imagen que iba a proyectar en esa entrevista. Obvio la contratan, porque si no, no sería película, pero si me lo preguntan a mí, en el lugar de Miranda nunca la hubiese contratado, y no solo por su imagen. Ella pasa un cambio súper radical: de no importarle para nada su apariencia, a disfrazarse por completo de alguien que no es. Adopta un estilo completamente ajeno a ella, pero a lo largo de la película, en ese recorrido de autodescubrimiento y de comenzar a conocer quién era realmente, encuentra un punto medio en el cual es ella misma y lo refleja en su imagen personal.
Les dejo la intro de la película como reflexión.
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